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El temor a ser atacado por un tiburón es uno de los temores básicos del ser
humano, incluso probablemente es una de las causas por la que muchas personas
sienten cierto rechazo a las actividades acuáticas.
Estos sentimientos han crecido con la ayuda de notas sensacionalistas,
múltiples libros y famosas películas de Hollywood, que han difamado las
características de los escualos.
A pesar de que hay numerosos casos registrados de ataques de tiburones, no es
apropiado denominarlos "cazadores de hombres", siendo que de hecho la mayoría
de los mismos no están físicamente dotados para tal fin. El tiburón ballena, el
pez más grande de todos, puede alcanzar hasta 18 m y se alimenta de plancton.
Hay muchas especies de tiburones que pueden causar graves heridas, entre estas
el más temido es sin dudas el gran tiburón blanco, responsable de la mayoría de
ataques fatales.
A pesar de que el gran blanco es el más famoso, la variedad más agresiva es el
tiburón toro. En tanto que probablemente el ataque de un gran blanco sea
consecuencia de una confusión con su alimento favorito, una foca un lobo de mar
o un león marino, el tiburón toro atacará a una persona, simplemente por su
sola presencia.
Aún con estos peligrosos animales vagando por el océano, las oportunidades de
ser atacado por un tiburón son muy remotas. Anualmente se denuncian cerca de
300 ataques en todo el mundo, por lo que es más fácil ser atropellado por un
conductor ebrio que por un escualo.
Hay algunas actividades que favorecen los ataques, tal como desplazarse con una
presa en el arpón como resultado de la caza submarina, o la recolección de
avalones en aguas de escasa visibilidad.
Asimismo las estadísticas indican que es muchísimo más factible ser atacado por
un tiburón hembra que por uno macho. La mayoría de los ataques de tiburón
ocurren en aguas poco profundas, y por un escualo solitario.
Cerca del 10 % de los incidentes informados han sido con buceadores, y dado que
estos representan menos del 10 % de quienes frecuentan las playas, puede
afirmarse que constituyen un grupo de riesgo con mayores posibilidades de
sufrir ataques.
Pocos ataques implicaron más que una mordedura, lo que hace suponer una
confusión con su alimento habitual, y que descubierto el error se aborta el
ataque. Esto también contradice la creencia de que la sangre humana atrae
particularmente a los tiburones, ya que de ser así, en los casos antedichos el
atacante hubiera reincidido en sus intentos.
La mayoría de las heridas se ubican en las extremidades produciendo
laceraciones de diversa gravedad en brazos y piernas. Cerca del 25 % de los
ataques resultan fatales siendo su causa un shock combinado con perdida masiva
de sangre.
Además de precauciones obvias como no nadar en zona de tiburones, hay otras
medidas de prevención que pueden observarse.
En lo posible, evite nadar en solitario en canales profundos o adyacente a los
mismos, sobre todo en el crepúsculo o después de la puesta del sol, ya que en
esos momentos los escualos se acercan más a la costa en busca de alimento. En
caso de hacerlo en las condiciones anteriores, esté alerta a movimientos
extraños en el agua y no use elementos brillantes (reloj o joyas).
Autor: Daniel Redmon
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