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Los celentéreos o celenterados son un gran grupo de animales metazoos de
simetría radiada que comprende los organismos conocidos como: actinias, hidras,
corales, medusas, anémonas y pólipos.
Una de las características de la mayoría de estos invertebrados, es la de
poseer unas células (nematoblastos / nematocistos) las cuales al ser excitadas,
segregan un veneno o sustancia altamente urticante, que muchas veces les
permite paralizar a sus agresores o presas.
Entre estos animales se encuentran las anémonas y actinias, las que se fijan,
en colonias o en forma aislada, en piedras y rocas al llegar a su edad adulta.
Es común que un buceador desprevenido pase su mano sobre ellas impregnando su
guante con la sustancia urticante, luego al acomodar la luneta o rozar su cara
por cualquier otro motivo, provocará irritaciones en su zona muy sensible como
es el rostro.
También tenemos a las conocidas medusas, que con su forma de campana y con una
consistencia gelatinosa están constituidas por un 95% de agua.
Con relación a las medusas, a veces se las encuentra agrupadas en tal número
que hacen preferible evitar el buceo. Desde su campana penden infinidad de
finos tentáculos, en algunos casos muy largos, que son los que desprenden
sustancias irritantes.
Otro conocido de los buzos, muy común en los mares tropicales o bastantes
cálidos, es el coral de fuego, cuyo contacto produce fuertes y prolongados
dolores e inflamación.
A pesar de su gran belleza, hay que ser cuidadoso con estos animales ya que al
contacto con la piel desnuda, suele producirse una intensa picazón,
presentándose después una urticaria más o menos molesta.
Algunas veces queda una lesión cutánea con inflamación y erupción,
caracterizada por el trazado de los filamentos en la piel y la formación de
grandes ampollas (similares a las de quemaduras).
Normalmente, limpiar suavemente con alcohol la zona afectada, ayuda bastante.
También es frecuente la aplicación de alguna crema con corticoides. Para casos
más severos deberá recurrirse a la atención de un profesional.
Es muy importante evitar el contacto en ojos y labios, luego de haber tocado la
zona afectada, como así también el rascarse, ya que además de agravar la
erupción podría dejar cicatrices o marcas.
No hay que despreciar el poder tóxico del veneno de ciertas medusas, dado que
en algunas personas con extrema sensibilidad (alérgicas) o con antecedentes
cardíacos o respiratorios podría derivar en un colapso cardiovascular.
Autor: Alvaro L. Villafañe |