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Cuando nos sumergimos en el agua los cambios de presión producen alteraciones
en el interior de nuestros oídos y fosas nasales, así como en los senos
frontales.
El aumento de la presión en la membrana timpánica, junto con la disminución del
volumen de aire que hay en el oído medio, interno y en las fosas nasales,
generan una descompensación a ambos lados del tímpano. Esto se traduce en un
dolor agudo de oídos y, algunas veces, también en la frente.
Para evitar los efectos anteriores es necesario realizar lo que conocemos como
maniobras de compensación. Los métodos más utilizados son: 1) la maniobra de
Vasalva y 2) la masticación o deglución.
El primero consiste en pinzar la nariz con los dedos pulgar e índice, cerrar la
boca y soplar; al producirse el soplado, la lengua se eleva y, fijándose en el
paladar cierra la comunicación con la cavidad oral, mientras queda abierta la
cavidad con las vías respiratorias y las vías nasales, y el aire se ve obligado
a penetrar por la Trompa de Eustaquio produciéndose el equilibrio de presiones.
El segundo método, en general menos eficiente que el anterior, consiste en
simular una masticación seguida de deglución. Al producirse este movimiento,
los músculos de la entrada de la trompa actúan abriéndose y cerrándose
permitiendo la entrada del aire en el interior del oído medio, con lo que se
logra la compensación de presiones.
Es importante realizar la maniobra de compensación en forma permanente y ni
bien iniciamos el descenso, pinzando la nariz y soplando un poco, no mucho,
suficiente para que la presión se equilibre en los primeros metros del
descenso.
Estas maniobras que provocan la abertura de la trompa, deben repetirse a
pequeños intervalos, ya que si llega a establecerse una diferencia de presión
importante, la trompa podría quedar bloqueada, y entonces resulta imposible
conseguir el equilibrio.
La permeabilidad de la trompa varía según la persona, e incluso en una misma
persona, de un día para otro; por ello es importante acostumbrarse a realizar
estos ejercicios con frecuencia ya que su práctica mejora los resultados.
En caso de que se presente dolor de oídos, "no continuar el descenso", ascender
hasta que el dolor desaparezca y luego reiniciar el descenso. De no hacer esto,
el dolor aumentará, al igual que la presión del agua, tornando más difícil
lograr equilibrar las presiones, probablemente el tímpano se resienta y no
sería extraño tener que abandonar la inmersión, pues con el tímpano dolorido,
es menos probable compensar adecuadamente.
Al ascender disminuye la presión hidrostática, pero como la Trompa de Eustaquio
se abre espontáneamente cada vez que hay una pequeña sobrepresión en el oído
medio, en general no hay que realizar ningún tipo de maniobra. De experimentar
alguna molestia, detener el ascenso, tragar saliva y reiniciar el ascenso a
menor velocidad.
En caso de sufrir un resfrío, los orificios que comunican los senos con las
fosas nasales se encontrarán obstruidos por la inflamación de la mucosa que los
recubre, por lo que en estas circunstancias resulta imposible lograr compensar
las presiones.
Una opción en estos casos, es el uso de gotas descongestivas, para lo cual es
muy importante tener presente la duración de sus efectos durante toda la
inmersión incluido el ascenso, dado que, en ese momento también se equilibran
las diferencias de presiones.
Finalmente cabe decir que muchos buceadores deportivos no prestan atención a
estas consideraciones, consiguiendo con ello abortar buceos estando embarcados,
o peor aún, lesiones de oído que pueden llegar hasta la rotura del tímpano con
consecuencias graves como la sordera o problemas crónicos de equilibrio.
Autor:
Ezequiel Salerno |