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La primera impresión se corresponde con lo que ofrecen las
agencias de viajes y con lo que aparece en las postales. Bali aparenta ser una
gran playa de arenas blancas, un enorme centro de vacaciones, rodeado por un
mar muy azul y bajo un cielo cambiante, entre el azul intenso y el gris
amenazador.
Pero no hay que confundirse. Si el turista ha acudido a esta isla indonesia a buscar sol y arena, los encontrará, pero si quiere más y mejores
experiencias, también las podrá disfrutar. Lo único que tendrá que hacer será
separarse un poco de las playas e ir hacia el interior.
De hecho, la zona más "turística" está en el sur, en la región que capitanea
Kuta Beach. Ahí se concentran la mayoría de los hoteles de lujo y de primera
clase y suele ser en este sector de la isla donde se aloja la gran mayoría de
los visitantes.
Centenares de restaurantes y bares ofrecen la posibilidad de unas vacaciones
que, en realidad, no se diferencian en nada de las que podrían disfrutarse en
muchos otros lugares playeros del planeta. Por su parte la zona montañosa, al
norte, está impregnada de un misticismo que ya ha desaparecido en el sur.
Decenas de templos son un testimonio mudo de la religión hinduista que se
mantiene en Bali, a pesar de los esfuerzos del gobierno indonesio para que
todos sus súbditos se conviertan en musulmanes. Este Bali espiritual y
misterioso tiene muy poco que ver con el mundano y frívolo que se ha originado
en la zona frecuentada por los rebaños de turistas occidentales.
De todas maneras, la región de Kuta es una buena base de partida. Es ahí donde,
junto a los hoteles de lujo, el viajero humilde puede encontrar multitud de
alojamientos baratos, pero limpios y dignos.
Además, hay que tener en cuenta que las reducidas dimensiones de la isla, 80
por 140 kilómetros, hacen que prácticamente todos los puntos interesantes estén
al alcance de una jornada en motocicleta. Curiosamente, casi todas las
motocicletas de alquiler llevan una pequeña cesta con flores y arroz, a modo de
ofrenda permanente para que los demonios
no hagan que el vehículo se accidente.
Los balineses son muy religiosos. Se podría decir que su vida es una sucesión
de ritos y festivales. Es la religión, y la cultura subyacente, lo que hace que
los balineses se diferencien del resto de los indonesios, de confesión
musulmana. En cambio, las creencias balinesas son originalmente animistas con
una importantísima influencia hinduísta posterior.
La vida entera de los habitantes de Bali está definida por sus relaciones con
las divinidades. El día empieza, por ejemplo, con la colocación de varios
cestos repletos de flores y arroz en los alrededores de la casa. La finalidad,
como en el caso de las motocicletas, es aplacar las iras de los demonios. En
realidad, la gran mayoría de las ceremonias religiosas balinesas tienen este
objetivo: aplacar a los espíritus, tanto si son buenos como si son malos, pues
los isleños piensa que deben honrar a ambas fuerzas si quieren alcanzar la
felicidad.
Si uno se pasea por la capital, Denpasar, y presta la suficiente atención,
podrá ver figuras demoníacas colocadas en las esquinas mas concurridas. Los
balineses esperan que estas figuras de piedra sirvan para evitar los accidentes
de tráfico en esta abigarrada ciudad de más de 150 mil habitantes. Es un empeño
inútil, pero supone otra muestra de la influencia de la religión hasta en los
más pequeños detalles de la vida cotidiana.
Las ofrendas que se realizan en los templos suelen ser todo un espectáculo.
Para empezar, está el extraordinario ejercicio de equilibrio que realizan las
mujeres cuando transportan sobre sus cabezas unas monumentales cestas llenas de
flores y alimentos. Y todo enmarcado por la embriagadora música gamelán,
interpretada por alguna de las centenares de bandas de percusión que hay en la
isla.
Entonces, una sinfonía de gongs, xilofons y timbales se apodera del ambiente y
crea una atmósfera irreal. Un hecho a remarcar: ninguna de las melodías gamelán
está escrita; todas se transmiten de padres a hijos de manera empírica.
Muchas de estas ceremonias religiosas están abiertas a los turistas, pero no
todas. Sin embargo, el talante abierto y amable de los balineses hace que, en
ocasiones, el visitante sea invitado a asistir a una ceremonia de tipo privado,
como podría ser una cremación.
Contra lo que una mente occidental podría pensar, las cremaciones suelen tener
un aire festivo que no excluye los lamentos de rigor. Otra ceremonia que vale
la pena presenciar, si se tiene la oportunidad, es la "cekak", la danza del
mono, durante la cual decenas de hombres se mueven a los sones de la música
gamelán mientras emiten una serie de sonidos imitando a los monos.
Otra de las muestras de que la religión está presente en todas partes es la
profusión de templos que ofrece la isla. La costumbre establece que cada aldea
balinesa debe tener tres templos como mínimo: uno para las ceremonias
oficiales, otro para los fundadores de la aldea y el tercero dedicado a los
dioses de la muerte y del mas allá.
Si se tiene en cuenta que hay más de 2.000 aldeas, pueblos o ciudades, el
cálculo es fácil: mas de 6.000 templos. Todos ellos están construidos en piedra
volcánica y su arquitectura corresponde, claramente, a la religión hinduísta.
En general, los muros de los templos están profusa y cuidadosamente trabajados,
siempre según la mitología balinesa. La mayoría de templos están abiertos al
visitante del que, normalmente, se espera un donativo.
El visitante que esté interesado en los aspectos balineses que aquí abordamos,
tiene materia prima para una estancia de varias semanas pero, en cualquier
caso, no puede abandonar la isla sin realizar una visita ineludible: Besakih, a
los pies del volcán Agung, la montaña que entró súbitamente en erupción en
1963, en plenos festejos en su honor y ocasionó miles de muertos.
Besakih es un complejo de mas de 80 templos, una increíble muestra de la
arquitectura religiosa balinesa. Para acceder al complejo, el turista debe
cubrir sus piernas, lo que se suele conseguir empleando una de las
características faldas balinesas.
Lo dicho al empezar: Bali no es, sólo, playas, arenas blancas y sol. Bali es,
sobre todo, misticismo, religiosidad y culto a la belleza y vale la pena no
perdérselo.
Autor: Conxa Parramon |