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En el centro de esquí de Vail, en Colorado (USA), el
pintoresco village de típico aspecto alpino se extiende al pie de los cerros a
2.500 metros de altitud. Esto ocasiona que en la temporada de invierno la
temperatura máxima, a mediodía, promedie los 10 grados centígrados bajo cero y
caiga durante la noche a cerca de menos veinte.
Comprenderán que el andar bien abrigado y esquiar con buen equipo es
imperativo, máxime cuando uno se desliza cerca de la cumbre de alguno de los
cuatro cerros a cuyo pie se encuentra el village, dado que allí arriba, a 3.500
metros y con fuerte viento, sacarse un guante por más de medio minuto va a
implicar un largo proceso para volver a hacer entrar en calor los dedos de la
mano involucrada.
Vail es el paraíso para un esquiador. La nieve es soberbia (También, con esas
temperaturas !). La cara Norte de los cuatro cerros, apenas rozada por los
rayos de un sol que se fue para el Sur, presenta una interminable serie de
alternativas para todos los gustos y niveles de esquí.
Pistas impecablemente pisadas, con esa nieve tipo terciopelo que dejan las
máquinas a primera hora de la mañana. Bumps (moguls) de todo tamaño y
profundidad. Algunas trazas discurren entre los hermosos y enhiestos pinos de
Colorado. Pistas fáciles, intermedias, difíciles, algunas pocas imposibles (experts
only) que realmente meten miedo, incluso a una intermedia avanzada como yo.
También para subir la cosa es memorable. Treinta y dos medios de elevación en
total, de los cuales trece son sillas cuádruples de alta velocidad ... que se
frenan para que uno suba y baje cómodamente ! El detalle: recipientes con
pañuelos de papel al ingreso a cada silla ... y otro unos metros más allá para
arrojar el pañuelo usado. Cajoncitos con pilas de mapas de pistas por doquier.
Los dos primeros días, para el esquiador que visita por primera vez Vail, se
invierten en quitar el óxido de las rodillas y cintura y en intentar conocer
todas las pistas de la falda Norte de la cadena montañosa (son cuatro cerros
!). Luego, uno empieza a sentir hablar de los Back Bowls ...
Están del lado de atrás del cordón con respecto al pueblo (de allí el "back"),
enfrentando al Sur y con todo el sol sobre sus laderas. Para llegar a ellos hay
que subir hasta las cumbres y entrar por unas puertas que desaniman un poco con
letreros que rezan "Expertos solamente", "Esquíe siempre con un compañero",
"Podrán encontrarse obstáculos sin marcar".
Lo que encuentro es un patrullero (tienen camperas rojas y hay muchos) y en mi
inglés básico le pregunto por las pistas. El tipo se ríe un poco. Pistas en los
"Back" ? No ! Todas las laderas de los cerros son pista. Allí me doy cuenta de
la magnitud de la cosa. Es una sola pista de ocho kilómetros de ancho y dos de
largo donde hay de todo ...
El patrulla inquiere por mi nivel de esquí y luego, muy amablemente, me indica
por dónde me conviene bajar. Le pregunto si la extensión de los "Back" se
corresponde con la de los cuatro cerros de la falda Norte. Otra sonrisa. No. Es
mayor aún. Cubre el ancho de cinco cerros ...
Su característica esencial se basa en lo agreste, en el espacio abierto donde
el esquiador avanzado o experto encuentra enormes extensiones para poner en
juego su habilidad, su técnica adquirida y disfrutar a fondo de la montaña.
Hay laderas enteras cubiertas de bosques de pinos por donde esquiar es un
deleite ! Uno se detiene un momento para descansar, observa el paisaje y
concluye que no puede ser cierta tanta belleza. Si pudiera llevarme un poco a
la oficina ... ! (Algún sabio dijo que el peor día de esquí es cien veces mejor
que el mejor día en una oficina ...).
Evidentemente en el verano hay una tarea inmensa para despejar obstáculos,
árboles y ramas caídas y demás. Pero eso es todo. Raramente pisan una pista en
los "Back". Todo el que los visita los prefiere así, al natural ...
Si durante la noche cayeron diez o veinte centímetros de nieve fresca, hay que
ir temprano a los Back Bowls y disfrutar lo que los lugareños denominan "el
champagne de la nieve en polvo (powder)". La sensación de esquiar hundido en
veinte centímetros de nieve en polvo, abriendo silenciosos surcos en la
superficie virgen no tiene parangón. Es embriagante. (Tienen razón los gringos
con lo del champagne !).
Una vez abajo de los "Back" encaro a otro patrulla porque entreveo sillas que
ascienden la ladera del cordón montañoso adyacente. Se trata del complemento
recientemente inaugurado denominado "Blue Sky Basin", es decir, el "back" de
los Back Bowls, aún más agreste y salvaje.
Allí detrás, realmente, se duda entre ir para un lado o para el otro porque
todos ofrecen opciones inmejorables para un esquiador fanático y uno no quiere
perderse nada en la semana de esquí. Hasta los nombres de cada bowl (cuenca,
valle) son sugestivos: "China Bowl", "Siberia Bowl", "Mongolia Bowl" ...
Eso sí, se los aseguro, no volví nunca más a las pistas convencionales de los
dos primeros días, salvo para el obligado descenso por ellas, a última hora,
para el retorno al hotel.
Y para reponer energías ...! En lugares estratégicos de la montaña
encontraremos los más variados restaurantes o refugios, para descansar, hacer
shopping, tomar un café ... o, lo que es mejor ! degustar de una cocina
internacional exquisitamente preparada, rica y abundante. Los precios son muy
accesibles y si deseamos algo más sencillo se puede elegir entre unas
riquísimas porciones de pizza (las hay de varios gustos, sabores y colores),
hot-dogs gigantes con papas fritas, ensaladas de pollo, pavo, pescado, sopas de
crema y aderezos para elegir ... (mmm !!!).
Luego podemos dar un paseo en motos de nieve, trineos tirados por perros o
sencillamente calzarnos unas raquetas y salir a caminar. En general las
opciones de diversión en la nieve y la montaña son variadas a cualquier hora
del día, ya que también el turista que esquíe o no, puede disfrutar de las
alturas. A partir de las 14 horas el servicio de góndola gratuito los está
esperando para ir hasta arriba, a Eagle's Nest (nido de águila) cómodamente
sentados y con muy buena calefacción.
Una vez en la cima se encontraran con un mall llamado "Adventure Ridge", y allí
usted y sus acompañantes pueden empezar con la alegría y la magia nocturna,
como por ejemplo, practicar el patinaje, entibiarse las manos cerca de un
llameante brasero, tomar un aperitivo ó cenar en alguno de los restaurantes. Y
si la cuota de romanticismo se hace presente, en ese mismo lugar, puede ir en
ascensor o escalera hasta el último piso, donde tendrá el privilegio de
observar una vista panorámica de un pueblo de montaña iluminado a sus pies.
Hay una atracción muy bonita y pintoresca en la noche del Vail Village, la cual
es bastante concurrida por lugareños y visitantes de distintas latitudes. Las
calles, pubs o restaurantes toman vida, dando lugar a una especie de comunión
entre los que gustan del deporte, la montaña, las anécdotas, charlas, música y
un buen trago antes de la cena. Para los que simpatizan con el arte encontraran
distintas esculturas, hechas de los materiales más variados, donde se pueden
apreciar trabajos realmente artesanales en hielo.
Hay una extensa zona para las compras diarias de comestibles, indumentaria o
algún souvenir para los amigos y existen ómnibus de pasajeros de modalidad
gratuita, muy cómodos y calefaccionados, que recorren los alrededores, durante
el día y la noche, facilitando así el traslado de un sector a otro o de una
montaña a otra.
Los lugares de estadía y alojamientos más cercanos a la montaña son West Vail,
Cascade Village, Lionshead Village, Vail Village y Gold Peak donde hay hoteles,
condominios y cabañas con calidad, confort e inmejorable atención para
disfrutar de unas merecidas vacaciones y visitar ... los Back Bowls !!!
Autor: Martha Román |