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Hong Kong está constituido por 236 islas y otras partes lindantes con la China
continental: la península de Kowloon, y más allá, los New Territories formados
por 235 islas. Es esta diversidad de zonas lo que hace de la visita a Hong Kong
una experiencia inolvidable.
Tiene 1.071 km cuadrados y una población de 5,7 millones de habitantes. Lejos
de la poblada isla de Hong Kong, núcleo de la colonia, existen zonas todavía
deshabitadas.
Hong Kong se asocia con ir de compras, en una breve visita de dos o tres días.
Quien hace esto, se pierde lo mejor de Hong Kong, la parte de magia y de
misterio que encierra. Con un poco de imaginación y sin mucho dinero, se pueden
ver aspectos sorprendentes. Aunque hay que reconocer que, hoy en día, las
tiendas suponen la mayor atracción turística de Hong Kong. No obstante
considere comprar hasta bien entrada la noche (la seguridad no representa un
problema).
Envuelto en el misterioso halo del Mar de China, Hong Kong se ha convertido en
una metrópoli llena de color, casi frenética, un auténtico crisol de razas.
La isla de Hong Kong no es muy grande y hay edificios, gente, mucha gente, y
contaminación por todas partes. Tiene una densidad que supera los mil
habitantes por hectárea, la mayor del mundo.
El desarrollo urbanístico de la isla es un desastre que puede comprobarse desde
el ferry que va a Kowloon. No obstante puede decirse que los apretujados
edificios que brotan de todos lados, presentan de noche un espectáculo
singular.
Los transportes públicos funcionan muy bien y no son nada caros, mientras que
casi todas las señalizaciones están en chino y en inglés. Hay restaurantes para
todos los gustos y para todos los bolsillos. La vida cultural es rica e intensa
al igual que la vida nocturna.
Pero hay otro Hong Kong, distinto, tranquilo, lejos de aglomeraciones, incluye
cascadas de agua transparente, frondosos jardines, campiñas apacibles, pequeñas
localidades de pescadores y paisajes de belleza extraordinaria. De ahí la
importancia de un recorrido por la parte continental.
Incluso en la propia isla de Hong Kong con levantarse temprano, pueden
encontrarse momentos de una rara e intensa paz, por ejemplo, en alguno de los
verdes y cuidados parques donde millares de chinos se entregan a la práctica
del Tai Chi.
También vale la pena tomar un sampán en dirección a Aberdeen, donde el paisaje
es precioso, a pesar del gran número de embarcaciones habitadas que encontrará.
Después, y ya en la costa sur de la isla, se puede navegar frente a Repulse Bay
y Deep Water Bay, hasta llegar a Stanley, un antiguo pueblito de pescadores, o
porqué no caminar por los innumerables senderos que surcan The Peak, el pico
mas alto de la isla.
En el norte están los territorios rurales, que conservan el modo de vida
apacible de los campesinos, lejos de las multitudes. Especialmente recomendada
es la visita a la península de Sai Kung. En las montañas de la isla de Lantau
está el monasterio de Po Lin, con el mayor Buda de bronce del mundo expuesto a
cielo abierto. Otra isla para visitar es la pequeña Cheung Chau, con un
inconfundible sabor marinero.
Y como corresponde, dejamos las compras para el final. Hay muchos lugares donde
comprar, todo depende de lo que se busque. En Tsim Sha Tsui, la punta de
Kowloon se concentra el sector de las cámaras, los videos, las piedras
preciosas y todas esas cosas que tanto atraen a los visitantes.
Autor: P. Fenoll
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