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Recortado encima de una roca sobre el mediterráneo se encuentra el principado
de Mónaco. Con una población estable de 28 mil habitantes, de los cuales sólo
seis mil son genuinos monegascos, y poco menos de dos kilómetros cuadrados de
superficie.
El principado se rige por una monarquía hereditaria constitucional, su idioma
oficial es el francés y el franco su moneda legal.
Algunos siglos antes de Cristo, los griegos y fenicios establecieron colonias
en esas tierras; incluso levantaron un templo dedicado a Hércules, cuyo apodo
griego era Monoikos.
La deformación de ese nombre se utilizó para identificar al territorio que la
familia genovesa de los Grimaldi declaró principado independiente, a principios
del año 1297.
Está dividido en cuatro zonas de importancia: Mónaco, la capital, establecida
sobre una roca de sesenta metros de altura y ochocientos de longitud; la
Condamine, un área pintoresca que rodea el puerto; Fontvieille, el sector
industrial al sudoeste de la capital; y Montecarlo, famosa por su casino y por
la carrera de Fórmula Uno.
Otros edificios importantes del principado son: el Hotel de Paris, el
Hermitage, el Sporting Club, el Café de París, el restaurant Maona, las
discotecas Parady'z y Jjmmy's, y los clubes de golf y tenis.
Al Casino, diseñado por Charles Garnier, se ingresa por una monumental
escalinata de mármol que lleva a la sala Renaissance, de allí se pasa al salón
Europa, donde dieciséis pilares de ónix sostienen la decoración Luis XV.
En la sala Américas dominan el oro y el rojo, y la sala Blanca reproduce sobre
un enorme panel las Tres Gracias florentinas. El salón Rosa fue habilitado en
1903, exclusivamente para fumar, y a los salones Ordinaire y Privés se acude
sólo para jugar.
Han pasado ciento veinticinco años y el Casino de Montecarlo sigue manteniendo
las pautas de formalidad que lo caracterizaron desde sus orígenes.
Contrariamente a lo que se piensa, la recaudación del Casino representa sólo el
cuatro y medio por ciento de los ingresos totales del principado.
Hay otras muchas cosas para ver en este pequeño territorio. El Jardín Botánico,
la Gruta del Observatorio, la Catedral y el Palacio del Príncipe son sitios
dignos de visitarse, y por supuesto El Museo de Recuerdos Napoleónicos, que
conserva numerosos objetos del Emperador Corso
También son dignos de visitar el Museo Oceanográfico, con una deslumbrante
variedad de peces exóticos; o el Museo Nacional, una de cuyas salas guarda una
colección de muñecas y de autómatas de los siglos XVIII y XIX única en el
mundo.
En Montecarlo se da cita el jet set mundial para celebrar el exclusivo y
excluyente Baile de la Rosa, en beneficio de la Cruz Roja Internacional, o
asistir al Gran Prix de Fórmula Uno, que se desarrolla en sus calles.
Autor: Gustavo Gentimessa
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