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Praga, una obra de arte

La ciudades centroeuropeas tienen, todas, mucho carácter. Son largos siglos de guerras, de conquistas y reconquistas, de culturas distintas y de desastres, en ocasiones devastadores. Pero, aunque envueltas en un halo vagamente común, cada una de ellas tiene su propia personalidad, su sello distintivo, que las convierte en imposible objetos de confusión.

Así es Praga, la ciudad que, a pesar de una historia marcadamente turbulenta, ha podido conservar su estructura arquitectónica prácticamente intacta.

Normalmente, Staromestske, la plaza de Staré Mesto, la Ciudad Vieja, suele ser punto de concentración para los visitantes. Si divisan un grupo bastante numeroso que, inmóvil, parece esperar algo con la mirada levantada, fija en algún punto de la torre occidental del edificio del Municipio, no tengan la menor duda: están esperando las campanadas del muy famoso Reloj Astronómico, construido alrededor de 1410 y atribuido a Nicolas de Kadan.

La leyenda dice que el rey Wenceslao IV habría ordenado que le dejaran ciego para que no pudiera repetir obra semejante. Cuando el reloj da las horas, desde la mañana hasta las diez de la noche, los doce apóstoles desfilan, al tiempo que unas figuras alegóricas celebran una danza en el cuadrante principal del reloj.

La plaza de Staré Mesto representa el corazón de la Ciudad Vieja, hoy en día el principal foco turístico de la ciudad y, antaño, el núcleo de la Praga románica. Un paseo por sus intrincadas callejuelas es altamente recomendable, siempre y cuando esté atento a los descuidistas.

Las fachadas de muchos de sus edificios profusamente decoradas son auténticas obras de arte. Merece la pena mencionar la Casa del Minuto o la Casa Rott. Curiosamente, el principal templo de esta zona, la imponente iglesia de Santa Maria de Tyn, no tiene acceso directo a la plaza, sino que se encuentra detrás de varios edificios, uno de los cuales lleva el sugerente nombre de Casa del Unicornio Blanco. Ello no obstante, las altivas agujas de la iglesia forman parte del paisaje mas representativo de Praga.

No lejos de allí está la solitaria Torre de la Pólvora, cerca de la mas conocida Plaza de San Wenceslao, escenario de no pocos acontecimientos de la reciente historia checa y situada, ya, fuera de lo que es propiamente la Ciudad Vieja.

Antes de cruzar el río Moldava, conviene darse una pequeña vuelta por Josefov, el antiguo barrio judío, con especial atención para el impresionante cementerio de carácter neorománico y para la sinagoga mas antigua de Europa.

El Puente Carlos es una de las imágenes mas conocidas de Praga, 520 m de longitud que sirven para ir de una orilla a otra del Moldava, de Staré Mesto a Malá Strana. El actual puente fue terminado a comienzos de siglo XV y cuenta la leyenda que todavía resiste los impetuosos embates fluviales porque, en su construcción, se usó una argamasa mezclada con huevos.

Cualquier hora del día es buena para pasear bajo la atenta mirada del cortejo de las 31 estatuas religiosas que festonean ambos pretiles, pero hacerlo bajo la luna llena puede resultar románticamente especial. Cuando hay niebla, sin embargo, el paseo nocturno, con la silueta del castillo de Hradcany recortándose en la altura, se convierte en un evento levemente inquietante. De día, el puente es una especie de feria de las curiosidades, repleto de vendedores de todo tipo de objetos.

Una vez cruzado el puente, Malá Strana, el Barrio Menor, se levanta en la orilla occidental del Moldava, encajonado entre el curso fluvial y las laderas de la colina de Hradcany. El barrio que hoy tenemos a la vista es predominantemente barroco, aunque no sea difícil adivinar que, originariamente, muchos edificios tengan un origen mucho mas antiguo.

La calle Nerudova, repleta ahora de tiendas de recuerdos y de cervecerías, es la arteria principal del barrio, aunque el edificio mas característico sea la barroca iglesia de San Nicolás, visible desde casi toda la ciudad y escenario de casi tantos conciertos como oficios religiosos.

Y llegamos al castillo. Para hacerlo bien, conviene llegar temprano, no mucho mas tarde de las nueve de la mañana. En caso contrario, no habrá mas remedio que compartir la visita con los centenares de turistas que, diariamente, recorren parte de la inmensa mole que domina Praga desde hace siglos.

Resulta inútil intentar resumir las bellezas artísticas que encierra el castillo, una construcción que, a lo largo de prolongados períodos de la historia praguense, ha sido el siniestro símbolo de opresiones de distinto signo, la última de las cuales, la soviética, parece ya muy lejana en el tiempo. Los primeros vestigios datan del siglo IX, aunque fue en el siglo XI cuando las primitivas construcciones de madera dieron paso a las primera murallas de piedra.

El castillo ha sido saqueado varias veces a lo largo de su turbulenta historia, los nazis los últimos; por ello, sus riquezas actuales no son mas que un pálido reflejo de los que en otro tiempo fueron. Eso sí: una visita bien hecha requiere tiempo, probablemente una jornada entera.

En las inmediaciones del castillo está el callejón del Oro, en una de cuyas diminutas casas residió temporalmente Franz Kafka.

Detalles de Praga

La cerveza (piva). En Praga, las jarras suelen ser de medio litro. Las marcas mas famosas elaboradas en Pilsen son la Gambrinus y la Urquell. Lo mejor es intentar cenar en alguna de las mas famosas cervecerías de la ciudad (lo de intentar es porque conviene siempre reservar, aunque muchas veces no se tiene éxito).

Los locales (pivinice) mas recomendables son U Fleku, que destila su propia cerveza desde hace 500 años, U Kalicha, lugar de reunión de escritores, y U Bonaparta. El ambiente suele ser muy ruidoso y el servicio es rápido: apenas se acaba la primera jarra que ya llega la segunda.

La recomendación de reservar con antelación también rige para los restaurantes. Los establecimientos mas recomendables son U Mecenase, U Cizku y Vikarka. Por lo que a los cafés se refiere, mencionemos el mítico Slávia.

La ciudad turística está repleta de tiendas que ofrecen todo tipo de objetos de cristal de Bohemia. Hay, incluso, una cadena de establecimientos cuyos vendedores son, casi todos, norteamericanos. Conviene extremar las precauciones y exigir todo tipo de garantías. Obviamente, cuanto mas lejos esté la tienda de Staromestske, mas barata resultará la compra.

La oferta cultural de Praga es amplísima. Por un lado, y aparte de la Ópera, casi todas las iglesias de la parte turística de la ciudad son escenario de conciertos de música clásica, bien con entrada gratuita, bien a precios realmente baratos. El compositor mas interpretado es Mozart, no en vano pasó en Praga largas temporadas de su corta y agitada vida.

Por lo que al teatro se refiere, es impresionante comprobar los llenos diarios que obtiene la Linterna Mágica. También son altamente recomendables el Teatro Negro y el Teatro Nacional de Marionetas.

Autor: Elena Sariols


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