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Integrando el ramillete de las Cícladas, ese tesoro que
Grecia posee en el mar Egeo, está la isla de Santorini de belleza salvaje y
origen volcánico, que adquirió su forma actual -una enorme pared de acantilado
cortada en forma de media luna- al hundirse (1450 a.C.) en el mar la caldera
del cono central del volcán que la creó.
Su encanto proviene del perfil de su costa que une un pequeño número de playas
de arena oscura o guijarros (como Kamári o Perissá) y acantilados escarpados y
rocosos, salpicados de huertos y viñedos.
En tales escenarios, donde hace unos 4000 años floreció una cultura similar a
la de Micenas y Creta, se encuentran dispersos pequeños pueblos con bellas
iglesias y monasterios de coloridas cúpulas, con sus casas blancas, de pequeñas
ventanas y techos abovedados, desde cuyas terrazas es posible disfrutar de
espléndidas vistas del Mar Egeo y hermosas puestas de sol.
Firá, al norte de la isla es su capital, fue fundada a fines del siglo XVIII, y
está construida en forma de anfiteatro frente al volcán. Se comunica con su
puerto, Skala Firón, 270 m más abajo, por un camino empinado y serpenteante.
La iglesia Agíos Minás es, con su campanario blanco y su cúpula azul, un
símbolo inconfundible de la isla. Otros sitios para visitar son el Museo
Arqueológico, el Museo Mégaro, la capilla Agios Stylianós y el campanario del
Dómos.
Devastada por un terremoto en 1956, fue reconstruida y actualmente su centro
bulle con la animación de sus mercados, bares y tabernas. Desde su plaza
central parten autobuses al resto de la isla: Oía (11 km), Monolithos (9 km),
Persia (15 km) y Kamari (13 km). Mesaria, a 4 km de Firá, está situada en el
centro de la isla y del área productora de vino.
Oía, 11 km al norte de Firá, está construida sobre acantilados y alberga un
diminuto y pintoresco puerto con típicos restaurantes donde prevalecen los
platos a base de peces y frutos de mar, provenientes de su puerto Ammoúdi.
Entre los restos arqueológicos de la isla destacan las ruinas de la antigua
ciudad doria de Tera sobre el promontorio de Mésa Vounó, en cuyos alrededores
se encuentran las populares playas de Kamári, principal centro turístico de la
isla, y Perissá con su playa de arena negra de 8 km de largo.
Otro importante sitio arqueológico es Akrotíri, restos de una antigua ciudad
minoica maravillosamente conservados como consecuencia de haber estado
sepultados más de 3500 años bajo toneladas de ceniza volcánica. En esta área se
encuentra la conocida Playa Roja.
Rodas es la capital del archipiélago conocido como Dodecaneso. Fue fundada en
el 407 a.C, convirtiéndose en uno de los principales centros comerciales del
Mediterráneo. Dependió del Imperio Romano y de Bizancio, hasta la llegada en
1308 de la Orden de San Juan que construyó algunos de los monumentos más
representativos y que le dan un aire medieval a la parte antigua.
Fue conquistada por los turcos en 1522, que legaron a Rodas sus mezquitas y
bazares, y por los italianos en 1912, que embellecieron la ciudad con edificios
administrativos y zonas residenciales. El puerto de la ciudad de Rodas es
Mandrakí y se ubica en el centro de la ciudad.
Además de sus playas enmarcadas por bosques de pinos y sus paisajes salpicados
de molinos de viento, la isla guarda atractivos como las ruinas de las ciudades
dóricas de Lindos, Kámeiros, Yáliso, Petaloúdes (el valle de las mariposas),
sus monasterios y castillos, etc.
Lindos mantiene un encanto particular siendo destino obligado de excursiones,
que acuden a recorrer sus estrechas calles y tiendas de recuerdos. Son
llamativos sus imponentes portales, los hermosos patios de las casas
tradicionales, algunas de las cuales combinan los estilos bizantino y árabe.
Imperdible la visita a su acrópolis, 125 m por encima del pueblo.
Faliráki es un centro turístico donde es posible la práctica de deportes
acuáticos y con una animada vida nocturna. Koskinú con sus casas tradicionales
y mosaicos de guijarros, Siána, típico pueblo de montaña, Archángelos y los
monasterios Moní Skiádi, Moní Thárri y Moní Filérimos, completan la oferta
turística de la isla.
Autor: Margarita Campbell |